miércoles, 29 de marzo de 2006

Déjame que te cuente...

Ayer la tarde era nublada, fría, gris... El cielo estaba encapotado con nubes cargados de lluvia y finas gotas caían humedeciendo el ambiente. Se antojaba más estar en un lugar seco y cálido, pero decidí caminar por aquellas calles empedradas con ecos de antigüedad que solo eran borrados por el ruido de los pocos autos que circulaban por aquellos rumbos.

Los jardínes abigarrados de árboles frondosos y plantas bien cuidadas, invitaban al paso calmado para escuchar historias lejanas, ensoñación de vestidos al suelo, sombreros altos, carruajes tirados por caballos.

Descubro el primero, el más hermoso que haya visto, con escalinatas de piedra donde resuenan mis pasos.

Puente 1



Me asomo por su pequeño puentecillo mágico, invitación silenciosa a traspasar el umbral.

Puente 2



El techo me cubre de la suave lluvia, lugar idóneo para las parejas que buscan evitar miradas indiscretas.

Puente 3



Al otro lado, fuera ya de la blanca protección, se mira distinta la ciudad y los pasos ya dados.

Puente 4



Sigo adelante buscando un lugar en particular, y en el camino me encuentro con otro puente, más sencillo en construcción pero sobrio en su caracter de paso para carruajes..

Puente 5




Busco, no logro encontrarle.... Un tercer puente me indica el final del recorrido y observo el seco lecho donde otrora corrió algún río e imagino los suaves sonidos que ya no hay.

Puente 6



Vuelvo mis pasos. La lluvia arrecia pero no tengo prisa y simplemente me dejo mojar.

Disfruto caminar a paso lento mientras escucho el gorjeo de los pájaros, redescubro aquellas calles empedradas, los puentes antiguos y el aroma de la tierra mojada me llena los sentidos... Comienzo a cantar bajito:

Déjame que te cuente limeño . . .
déjame que te diga la gloria
del ensueño que evoca la memoria
del viejo puente, del río y la Alameda.

Déjame que te cuente limeño . . .
ahora que aún perfuma el recuerdo
ahora que aún se mece en un sueño
el viejo puente, el río y la Alameda.

Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
airosa caminaba la Flor de la Canela
derramaba lisura y a su paso dejaba
aromas de mixtura que el pecho llevaba.
Del puente a la Alameda menudo pie la lleva
por la vereda que se estremece,
al ritmo de su cadera,
recogía la risa de la brisa del río
y al viento la lanzaba, del
Puente a la Alameda . . .

Déjame que te cuente limeño,
¡Ay! deja que te diga moreno,
mi pensamiento,
a ver si así despiertas del sueño,
del sueño que entretiene moreno,
tu sentimiento.

Aspira de la lisura
que da la flor de canela
adórnala con jazmines
matizando su hermosura . . .
Alfombra de nuevo el puente
y engalana la Alameda,
que el río acompasará
su paso por la vereda.

Y recuerda que . . .

Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
airosa caminaba la Flor de la Canela
derramaba lisura y a su paso dejaba
aromas de mixtura que en el pecho llevaba.
Del puente a la Alameda menudo pie la lleva
por la vereda que se estremece,
al ritmo de su cadera,
recogía la risa de la brisa del río
y al viento la lanzaba, del Puente a la
Alameda . . .
(Chabuca Garnda)



No logré encontrar la pequeña Capilla de Chimalistac. Otro día será...

3 comentarios:

Ley dijo...

te dej tarea en mi blog "viva la patria" ja algo asi.. tenia que ser.

Armando dijo...

Muy buenas fotos, parece ser que la mojada valió la pena

Mariposa de humo dijo...

Fue una mojada leve el martes, parte del encanto y ambientación de pasear por aquellas callecitas... Si, valió la pena esa mojada.

Espero ir nuevamente para buscar la capilla de Chimalistac. :)

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